El camino de la imperfección
- Miji Velázquez
- hace 3 horas
- 2 Min. de lectura
Abrazar lo que realmente somos
Quiero hablar hoy de algo que me ha costado muchos años aceptar con ternura: somos imperfectos. Y está bien. Más que bien: es liberador.
La perfección no existe, aunque nos la vendan todos los días. Las redes sociales, la publicidad, las revistas y hasta nosotras mismas nos exigimos una versión ideal que nunca llega: la mamá siempre paciente, la profesional impecable, el cuerpo perfecto, la casa ordenada, la pareja sin conflictos, la mujer fuerte que nunca se quiebra.
Y cuando no llegamos a esa imagen (que nunca fue real), nos sentimos fracasadas, insuficientes, “malas”.

La verdad es esta: ningún ser humano es perfecto. Todos tenemos días oscuros, momentos de enojo, errores, dudas, cansancio, miedos, egoísmos y contradicciones. Todos fallamos, olvidamos, herimos sin querer, nos rendimos a veces.
Y esa imperfección no es un defecto. Es lo que nos hace humanos.
Yo misma me exigí durante años ser la versión ideal. Quería ser la madre perfecta, la esposa amorosa 24/7, la periodista incansable, la mujer fuerte que nunca flaqueaba. Hasta que la vida me puso frente al espejo: la emigración, el estrés, los días en que gritaba a mis hijos por cansancio, las noches en que me sentía una impostora. Ahí entendí que la perfección no era el objetivo. El objetivo era ser real, ser honesta, ser compasiva conmigo misma.
La psicología positiva nos enseña que aceptar nuestra imperfección es uno de los mayores actos de autocompasión. Cuando nos permitimos ser imperfectas, bajamos la autocrítica feroz, reducimos la ansiedad y aumentamos la resiliencia emocional. Porque dejar de luchar contra lo que somos nos libera energía para crecer desde donde realmente estamos.
El camino de la imperfección
El camino de la imperfección es aceptar que:
Vamos a fallar, y está bien.
Vamos a tener días malos, y está bien.
Vamos a decir cosas que no deberíamos, y podemos pedir perdón.
Vamos a olvidar cosas importantes, y podemos aprender.
Y lo más importante: que nuestra valía no depende de ser perfectas, sino de ser reales, de intentarlo, de levantarnos, de amar a pesar de todo.
En mi libro “El arte de vivir: La alegría en los pequeños detalles” hablo mucho de esto: de perdonarnos cuando fallamos, de celebrar lo pequeño aunque no sea perfecto, de abrazar nuestra humanidad con ternura. Porque la verdadera belleza no está en la perfección. Está en la autenticidad. Está en la persona que se cae, se levanta, se limpia las rodillas y sigue caminando con una sonrisa torcida, porque representa las luchas y las victorias que todos enfrentamos en nuestro viaje personal. El camino de la imperfección
Esa sonrisa puede ser vista como un recordatorio de que la vida no siempre es perfecta y que está llena de altibajos. Es en esos momentos de vulnerabilidad donde se encuentra la verdadera conexión entre las personas. Cuando alguien sonríe a pesar de sus cicatrices, transmite un mensaje poderoso: que la perfección reside en la capacidad de seguir adelante, de encontrar luz incluso en los momentos más oscuros.
¿Te has sentido imperfecta últimamente? ¿Qué te cuesta aceptar de ti misma? Me encantaría leerte en los comentarios.



